José María Peiró (Europsy): “Los cambios sociales, tecnológicos y psicológicos nos obligan a una formación continua”

Entrevistes

El pasado 27 de mayo, el COPC celebró en el Palau Macaya el “Acto de reconocimiento institucional a las 21 personas colegiadas certificadas en Europsy Trabajo y Organizaciones”, una ceremonia que puso en valor el sello Europsy otorgado por la European Federation of Psychologists’ Association (EFPA) que garantiza el más alto nivel de especialización en el ámbito del trabajo y las organizaciones, según estándares europeos. Uno de los invitados estrella fue el Dr. José María Peiró, catedrático de Psicología de las Organizaciones y del Trabajo de la Universidad de Valencia, y miembro del equipo europeo que desarrolló Europsy, entre sus innumerables méritos.

Lleva casi 50 años de carrera en el ámbito. ¿Lo suyo es vocacional?

Yo creo que la vocación la vas construyendo, teniendo en cuenta tus posibilidades. En mi caso, siempre quise acabar en el ámbito de la psicología aplicada, y también tenía claro que quería hacer investigación y estar en el mundo académico. Pero en los 70 la psicología del trabajo tenía mala prensa, después del mayo francés todo sonaba a “capitalismo”. Por otra parte, la oportunidad de incorporarme a la facultad surgió como profesor ayudante de Historia de la Psicología, con el profesor Helio Carpintero. Luego, como no había plazas, oposité a Psicología General, que fue otra gran oportunidad.

Y después empecé a meterme en el campo aplicado de la Psicología de las Organizaciones. El profesor Trespalacios de la UNED me ofreció escribir el libro de Psicología de las Organizaciones de 36 capítulos, lo que fue una gran oportunidad para formarme en profundiad en esa disciplina. Como ve, uno va haciendo su trayectoria con una cierta idea de vocación pero también en función de sus oportunidades.

¿Y ahora está contento con esa elección o ese devenir?

Contentísimo.

Me decía que la Psicología de las Organizaciones tenía mala prensa. ¿Ahora es mejor?

Sí, yo creo que en este momento tiene prestigio. La concepción del papel de los empresarios y de la empresa se ha matizado, porque hay empresas con clara responsabilidad social corporativa, con profesionalidad, con capacidad de generar riqueza y de distribuirla con equidad… Y en todo eso nosotros podemos contribuir mucho. En humanizar el trabajo. Entonces, yo creo que en este momento no hay una carga ideológica tan fuerte o negativa en relación con esta disciplina.

¿Cree que el ámbito cuenta con los estudios especializados adecuados?

¡Entiendo que sí! Aunque quizás sea una opinión “de parte” porque he impulsado la puesta en marcha de un Máster Internacional de Psicología del Trabajo de las Organizaciones, apoyado por la Comisión Europea con el programa Erasmus Mundus… (Ríe). También he impulsado y colaborado en la puesta en marcha de un Máster de Investigación de dos años: el Máster Europeo de Investigación de Psicología del Trabajo de las Organizaciones que se imparte en Valencia, en colaboración con la Universidad de Maastricht (coordinadora) y de Leuphana, y que dura un semestre. Son unos estudios internacionales, con estudiantes de todo el mundo, una formación muy buena. De hecho, la tasa de inserción laboral es prácticamente del 100%, y además se insertan en campos de la especialidad.

Un ámbito, entonces, lleno de oportunidades laborales.

Sí, sobre todo cuando las abordas de manera internacional. Dicho eso, en España tenemos algunas dificultades. Por ejemplo, el hecho de que el Máster General Sanitario sea el único Máster profesionalizante, hace que los otros másteres de psicología, al no ser profesionalizantes, los estudiantes no los prioricen. Entonces, ¿qué pasa? Pues que muchos deciden primero estudiar el Máster General Sanitario. Por eso hay tanta demanda.

¿Y qué propondría?

Que se estructurara mejor el reconocimiento a nivel de Máster de la Psicología en España y que las grandes ramas de la psicología estuvieran protegidas todas. No sólo la clínica y sanitaria, sino también la psicologia de la educación, la del trabajo y organizaciones, y la de la intervención psicológica en servicios sociales. Al menos esos. Y luego ir viendo, según se desarrolle el mercado, si hace falta también profesionalizar con un Máster de titulación protegida otras titulaciones de especialidad. Si no, yo creo que el desarrollo de la profesión está descompensado, está tratado de manera desigual.

El Dr. Peiró, durante su ponencia en el Palau Macaya el pasado 27 de mayo.

¿Cuál es la importancia de esta especialización?

Que se reconozca el carácter de especialista a un profesional con un ámbito de actuación protegido, habida cuenta de que todos los ámbitos de la psicología inciden de forma importante en la vida de las personas. La intervención psicológica no solo afecta a la salud y a la vida de las personas desde el ámbito sanitario, también lo hace cuando está en el educativo o en el laboral. La salud se tiene que promover de otras muchas maneras, como la actuación preventiva de los riesgos psicosociales, por ejemplo.

¿Y en qué se diferencia un/a psicólogo/a general de un/a Europsy en el ámbito del trabajo?

Te cuento un poco de historia, de contexto. En Europa hay mucha diversidad en la manera de entender la psicología, de denominar la licenciatura o el grado –no es lo mismo la tradición centroeuropea que la tradición inglesa o la francófona– y hacía falta sintonizarlas y ver cómo establecer unos estándares básicos de formación que se pudieran aplicar en toda Europa. Entonces, la profesora Ingrid Lunt, que fue presidenta de la EFPA, empezó una investigación con profesionales de distintos países de Europa que nos pusimos a analizar cómo era la formación en ellos. Y poco a poco fuimos decantando un modelo de formación de los psicólogos que podría encajar bien en Europa, que podría dar como un esqueleto general que elevara la calidad, al tiempo que respetase las especificidades de los distintos países y desde las distintas tradiciones.

Pero una de las cosas que teníamos muy claras es que, para garantizar la calidad y la movilidad de los profesionales en psicología entre los distintos países europeos, no era bastante con garantizar en qué se habían formado. También había que tener en cuenta qué tenían que hacer los psicólogos y en qué tienen que ser competentes. Hay que saber psicodiagnóstico, personalidad, cognición, emociones… Pero hay que saberlo ¿para qué? ¿Qué hay que saber hacer con esos conocimientos? ¿En qué hay que ser competente para el ejercicio profesional? Había que ir a estudiar lo que hacen los buenos profesionales. ¿En qué son competentes? ¿Y cómo se aprenden esas competencias? El proceso fundamental es por práctica supervisada. Haciendo bajo supervisión.

“Europsy lo que dice es que, además de los cinco años de formación, hace falta un año de práctica supervisada”

¿Algo más?

Renovarlo cada siete años. En muchos países te dan el título en psicología cuando tienes 23 años y hasta los 65 o 70 puedes trabajar como profesional. Pero si miras con qué rapidez se desarrollan los cambios sociales, a qué nivel crece el conocimiento experto, las tecnologías y la demanda social para los psicólogos, entiendes que con tu mochila de la carrera no es suficiente, no basta para ejercer de forma competente esta profesión durante cuatro o cinco décadas. Por eso Europsy plantea una renovación del certificado cada siete años, y para renovarlo te ponen unas condiciones: tienes que haber trabajado como psicólogo al menos la mitad del tiempo, tienes que haber ido a congresos, tienes que haber cursado formación profesional continua y tienes que hacer toda una serie de actividades para mostrar que eres competente en el ejercicio profesional ahora. Eso garantiza calidad, transparencia y movilidad por toda la Unión Europea, ya que ha sido refrendado por las asociaciones de psicología de todos los países europeos, que es lo que buscábamos.

Además, Europsy es un sello de garantía de calidad transparente, que quiere decir que cuando quiero contratar a un psicólogo o a una psicóloga Europsy, puedo acudir a la web de la EFPA o del Consejo, donde hay un Registro de los psicólogos Europsy, y ahí me dice el modelo de competencias que se utiliza para otorgar el certificado. Tambien me da la lista de psicólogos de toda Europa que han obtenido el certificado. En el libro Europsy (Ed. Hogrefe), del que soy coautor, junto con Ingrid Lunt, Ype Poortinga y Robert A. Roe, está todo clarito, no solo en qué se certifica, sino también cómo se certifica, cuándo se renueva el certificado, quién te ha supervisado, etc.

Aparte de toda esta formación y competencias, ¿diría que hay alguna cosa innata que hace que una persona sea un mejor psicólogo o psicóloga en este ámbito?

Bueno, la conducta humana es resultado de la combinación de lo innato con el aprendizaje. Hay toda una serie de características innatas que inciden de forma importante, por ejemplo, sobre el nivel de inteligencia general de base, pero muchas de las cosas que decimos que tienen base hereditaria en realidad han ido emergiendo en los primeros años de vida y en interacción con los padres y con gente, y se van aprendiendo por imitación y consolidando en función de las dotes de esa persona. Quizás tienen una base hereditaria, pero yo creo que tenemos un gran margen de aprendizaje que nos puede ayudar a desempeñarnos en ámbitos muy diferentes, en función de lo que aprendamos.

Antes hablaba de la gran importancia de aprender con prácticas supervisadas. En Cataluña se ha creado la acreditación para supervisores de los expertos. ¿Cómo valora esta iniciativa?

Me parece una excelente iniciativa, porque era una pieza que faltaba en el certificado Europsy. Hay países en Europa que ya tienen una larga tradición. Por ejemplo, Inglaterra, con la British Psychological Society. Se aprende con la práctica supervisada.

“Cuando uno empieza a tocar el piano pero nadie le supervisa, es novato durante un año e incompetente el resto de su vida, porque ha adquirido vicios que nadie le ha corregido”

Nadie le ha dicho que los codos tienen que estar así, que las manos tienen que estar en tal posición, que hay que digitalizar… Y, mientras está aprendiendo, lo que toca suena bien pero, cuando tiene que coger velocidad, es incapaz de tocar con eficacia los pasajes difíciles, porque ha viciado su aprendizaje con hábitos inadecuados.

Es importante que el aprendizaje esté supervisado por alguien que sea experto. Y tiene que ser experto en dos cosas: como profesional y como supervisor, lo que requiere también otras competencias. Hay gente muy buena como profesional incapaz de hacer una buena supervisión, y a eso es lo que hay que ayudar. Por eso la iniciativa de formar a gente para que sean supervisores, y que esos que se forman sean muy buenos profesionales, es magnífica.

“Que haya supervisores nos interesa a todos porque contribuyen a la calidad y al prestigio de la profesión”

Las empresas tienen muchos retos en la actualidad: comercializar, competir en un mercado global, ganar dinero, dar calidad de servicio, atraer a los clientes… ¿Qué hemos de tener en consideración los profesionales de la psicología con respecto a estos retos?

Las empresas tienen bastantes retos porque la empresa es un sistema interesantísimo, apasionante, porque se propone aunar voluntades e intereses y voluntades que no es extraño que estén contrapuestos. A veces los intereses de los inversores y de los accionistas no coinciden exactamente, a veces entran en conflicto con los de los trabajadores, otras veces entran en conflicto con los de los clientes que lo quieren todo bueno, bonito y barato, y otras veces entran en conflicto con el Estado que quiere que se respete el medio ambiente y las leyes, que se paguen unos honorarios dignos… Yo utilizo la metáfora de la empresa como una tela de araña que está sostenida por distintos grupos de interés, que tienen que trabajar duro para sostenerla. La tela tiene que estar en tensión porque, si no, no caza insectos. Pero si uno tira demasiado igual se rompe algún tirante y la tela de araña deja de ser eficaz.

Ahí la psicología tiene mucho que decir, sobre cómo logramos una visión compartida y que distintos grupos de interés aprendan a negociar de una manera constructiva y no a base de tirarse los trastos a la cabeza. La psicología te puede ayudar a que haya una visión compartida del proyecto, a que la gente contribuya con más eficacia y eficiencia, a que se gestionen las cosas de forma que se distribuyan con más equidad los beneficios, y que la gente perciba que es más valioso crear una dinámica de ganar-ganar que una de conflicto destructiva.

De esa telaraña que ha de estar en equilibrio para que el proyecto funcione, ¿en este momento, como tendencia, hay algún lado por el que se rompa antes?

Hay muchas situaciones y tipos de empresas distintas. Esa tensión siempre es dinámica. Que a alguien le vaya bien hoy no quiere decir que dentro de 10 años le vaya bien, hay que estar trabajándoselo todo el tiempo. Unas veces los tirantes se rompen porque se abusa de un trabajo precario, otras veces se rompen por incompetencia e incapacidad de quienes dirigen, por no saber afrontar los cambios en el mercado, o por falta de responsabilidad de diversos trabajadores. Ahora bien, si se rompe no beneficia a nadie, todos pierden. Hay que ver cómo gestionar ese sistema para que, de manera dinámica, vaya manteniendo las tensiones y encontrando equilibrios razonables que le permitan avanzar. Y ahí la psicología tiene mucho que decir. No solo la psicología, también las nuevas tecnologías, la gestión económica, la del marketing y la de los clientes. O sea, la confluencia interdisciplinar. Pero desde luego la psicología puede aportar mucho.

Además, estamos en tiempos de globalización, cambio climático, IA…

A las empresas de mi pueblo, que es Torrent, al lado Valencia, lo que pasa en China les afecta, las guerras de otros países les afectan. Y desde luego el cambio climático también. Pensemos en la Dana… Las pequeñas empresas, cuyas instalaciones han sido arrasadas por el agua, han visto su proyecto terriblemente truncado y destrozado. Y mucha gente no ve la posibilidad de volver a iniciar el trabajo porque ya son mayores. Ese es otro factor: la población está envejeciendo, ahora trabajamos más años para poder pagar las pensiones. Luego, la mujer está perfectamente incorporada al mercado laboral pero la sociedad no se ha transformado lo suficiente en la redefinición de los roles, de manera que las mujeres acaban haciendo dos jornadas, la de dentro y la de fuera de casa. También han cambiado las maneras de contratar, los tipos de contrato. Hay robots que hacen parte del trabajo, y tenemos que aprender a colaborar con esos agentes no humanos, con un piloto automático que conduzca un avión, con un cirujano que desde San Francisco opere a un paciente de Barcelona… ¿Cómo puedo yo pensar que lo que aprendí en 1975, cuando yo acabé mi carrera de psicología, puede valer para hoy? ¡Imposible!

“Recordemos qué dice el código deontológico: No aceptes ningún trabajo para el que no creas que puedes añadir valor y te encuentres preparado/a”

Entonces: formación, práctica, responsabilidad profesional y ética. Y estar al día.

¿Cree que, en este cambio de valor radical de los últimos años, ahora le estamos dando más espacio a la felicidad?

Siempre se le ha dado mucho espacio a la felicidad porque la gente quiere ser feliz. Pero creo que para no convertir esto en una trivialidad, es bueno que nos vayamos a los griegos. Los griegos clásicos distinguían dos tipos de felicidad: la hedónica y la eudaimónica. La hedónica es la felicidad que se logra cuando uno evita el dolor y consigue el placer. Está muy bien, pero no es bastante. Hay que complementarla con la eudaimónica. Eu significa bien y daimon significa demonio. Entonces, ese buen demonio que todos llevamos dentro hay que cuidarlo. ¿Cómo? Realizándonos como personas, en cuatro grandes ámbitos:

  1. Aprender a entender tu mundo. O sea, saber dónde estás. Ser una persona de tu tiempo y consciente de dónde vives y qué pasa en tu vivir y en tu entorno, que no parezca que estés anestesiado y que no te enteras. Con una visión crítica, un pensamiento crítico, una actitud de análisis ante tu realidad, ante tu entorno.
  2. Aprender a convivir, a vivir con otros. Eso también es muy importante. Ser capaz de construir una relación humana de respeto, de desarrollo de las personas, de colaboración, de confianza. Es el elemento más fundamental de todo y es la base mínima, básica, central de la sociedad, sin la cual no hay vida humana.
  3. Aprender a construir el mundo. Construirlo, transformarlo. Pero transformarlo para bien, no destruirlo. No abusar del mundo, no dejarle a las próximas generaciones un desastre, no sobreexplotar los recursos naturales.
  4. Aprender a ser, a desarrollar la propia identidad, individual y colectiva, valorando también la diversidad y las otras identidades.

¿El profesional de la psicología ha de velar por los cuatro?

Puede ayudar en los cuatro, pero quien tiene que velar es cada persona. Cuando los niños son pequeñitos, para construir ese yo, esa personalidad, esa identidad, hay que ponerle freno a esa forma de huir del dolor y buscar el placer. Porque si no lo frenas, lo otro no sale. Nunca escalarás el Everest si tu vida se centra en evitar el cansancio o el frío. Hay que encontrar un equilibrio entre los dos tipos de felicidad y saber combinarlos. Para mí eso es la felicidad.

Si los psicólogos no tematizamos esto y prometemos demasiado la felicidad sin clarificar cómo entendemos esa felicidad, entramos en lo que muchos llaman happylandia. Y eso es muy peligroso. Porque trivializamos uno de los elementos esenciales del ser humano.

¿Qué les recomendaría a los psicólogos y las psicólogas que estén pensando en escoger su especialidad?

Primero, que se tomen en serio la profesión y la disciplina, porque vale la pena. A mí me ha tenido ocupado y encantado, lo cual no quiere decir sin sufrimientos ni disgustos, durante casi 50 años. Entonces, honestidad intelectual consigo mismos. Es decir, lo importante no es que te digan lo listo que eres, lo verdaderamente importante es si tú te ves que eres autoexigente contigo mismo. Si te tomas en serio, si sabes lo que sabes y también lo que no sabes. Y muchas ganas a seguir aprendiendo sin miedo, en función de las demandas del entorno, formándote en lo que se logra ir conociendo en la disciplina.

Es imposible estar al día en todo, imposible, pero eso no puede ser motivo de desánimo y dejación para seguir intentando llegar hasta donde se pueda. Yo cada vez que preparo una conferencia busco nuevas informaciones, por ejemplo, acudiendo al Annual Review of Organizational Psychology o algún handbook o enciclopedia recientemente publicados. Entonces, yo animaría a que alimenten su preparación y su curiosidad intelectual, porque solo así darán una respuesta que esté lo más próxima posible a la calidad que se merecen los clientes y los usuarios. Y, por último, que inventen todo lo que puedan, que sean innovadores y que construyan y busquen oportunidades.

Para acabar, ¿qué le gustaría haber conseguido al final de su carrera?

No necesito esperar al día que acabe mi carrera. Sé que he conseguido cosas, sé que he ayudado a la gente y eso me satisface mucho. He recibido correos de mis antiguos estudiantes en que me me dicen “¡Ay, profesor! Usted nos exigía mucho, pero ahora entiendo que tenía razón porque, si yo no hubiera hecho eso que me pedía, ahora me iría peor”. Una de las grandes oportunidades que he tenido es la de enseñar y crear las condiciones para que muchas personas hayan podido aprender. Tengo testimonios de alumnos y alumnas agradecidos. Mira, en la cartera llevo uno. [Lo saca]. Y como este tengo una buena “colección”. También me consta que a veces no he sido tan útil, y quizás mis planteamientos hayan podido tener efectos no tan positivos en otros estudiantes. ¡Quizás hay gente que se ha apartado de nuestra disciplina porque yo he sido demasiado exigente! Pero esto [toca la carta de su alumna] me dice que lo hago bien algunas veces. Me gustaría pensar que ha servido a muchos alumnos. Si sirviendo me he equivocado, pido disculpas. También forma parte del aprender.

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