Marino Pérez y José R. Ubieto: “Ni el control parental funciona ni la tecnología va a resolver el problema que ella misma ha creado”

Entrevistes

63.000 firmas llegaron este año al Congreso pidiendo prohibir los móviles a menores de 16 años. ¿Hay para tanto? ¿O no estamos entendiendo a los “nativos digitales”? Reflexionamos sobre este asunto con Marino Pérez Álvarez y José Ramón Ubieto, los dos psicólogos autores de Niñ@s hiper. Infancias hiperactivas, hipersexualizadas, hiperconectadas (NED Ediciones), en una nada breve entrevista en la que no pararon de disparar titulares y regalarnos perlas de sabiduría, de la que solo se consigue leyendo y reflexionando.

¿Por qué tantas plataformas ciudadanas, de padres, madres y profesorado, han empezado ahora a estar en guerra con el uso de móviles por parte de los y las menores? ¿Qué han visto para este inicio de rebelión?

Marino Pérez Álvarez: Desde 2012 y hasta el momento actual, las redes sociales se han generalizado de forma creciente, y se ha observado un deterioro en la salud mental, que afecta a niños, adolescentes y jóvenes.

No es que las redes sociales hayan creado estos malestares, pero los han exacerbado, sobre todo en lo que se refiere a ansiedad y depresión y, cuando se analiza un poco más despacio, vemos que las redes sociales han traído problemas que no había hasta ahora, como la adicción al móvil, una nueva adicción comportamental. Al final, la misma problemática de otras adicciones que ya existían, como la adicción a los videojuegos, a las máquinas tragaperras y a las sustancias.

“Las redes sociales influyen en los niños más que los padres y más que la sociedad” – Marino Pérez

Alguna vez he discutido si los niños pertenecen a la familia o al Estado, y da la impresión de que pertenecen a TikTok. Y entonces aparece el fenómeno nuevo de los selfies, la manía de hacerse selfies, que da lugar a colgarlos y revisarlos y retocarlos, de personas que se identifican más con su imagen ideal filtrada, un yo un ideal que no se corresponde con el yo real, y al punto que quieren parecerse a su imagen filtrada incluso yendo al cirujano.

Lo de los filtros está llegando al límite.

M.P.A.: Yo creo que sí. No ha sido repentino, pero después de la pandemia ha quedado al descubierto. Todo va muy rápido y hemos tardado en verlo. Hoy en día, los siglos duran 10 años, de manera que el tiempo que transcurrió desde el desde la generalización de las redes sociales hasta ahora ha cambiado las cosas que antes duraban casi un siglo en cambiar.

¿Y por qué nos hemos dado cuenta justo ahora?

José Ramón Ubieto: El economista Schumpeter habla de las olas tecnológicas (ahora estaríamos en la sexta de la historia), que son como un sunami que cambia el modo de producción, de socialización, y afecta a todos los ámbitos de la vida (trabajo, ocio, relaciones sociales…). Irrumpe provocando lo que se llama la curva de sobreexpectación de Gartner, que quiere decir que, al inicio, hay un periodo de fascinación, de deslumbre, con la nueva tecnología.

De repente, uno se queda hipnotizado porque resulta que solo tocas una tecla y aparece tu abuela que vive en Nueva Zelanda. O cualquier cosa que te imagines: hablar con un holograma, con tu hija muerta… Como dice Umberto Eco, la tecnología es como la magia. De repente, de la causa, al resultado, al efecto, pasas sin procesos, como cuando te hacen el truco de magia y, oye, ¿cómo ha salido el conejo de aquí? Tú no sabes la causa.

La tecnología tiene este efecto mágico que te deja un poco fascinado. Yo creo que ahora estamos en el final de la curva, donde empezamos a ver, como decía Marino, el aspecto oscuro, el aspecto no tan brillante, aquellas cosas que resulta que no eran gratis. La pandemia fue quizá el elemento que exacerbó todo esto porque nos hizo a todos sumergirnos en la tecnología. La tecnología, además, tuvo un hype, una especie de subidón.

La computación cuántica, por ejemplo, que estaba todavía muy verde, empezó aquí, en Barcelona. Y ya tenemos el Supercomputing Center, el Mare Nostrum 5, que es 30 veces más rápido que el anterior, en muy poco tiempo. Entonces, la convergencia de la tecnología, por un lado, y de la industria, por el otro (porque los fondos de inversión empezaban a perder dinero en la industria tecnológica y exigieron novedades como el metaverso, la inteligencia artificial, etc.), hicieron que ese pollo sin cabeza empezara a correr y todos nos hemos quedado asustados y no hemos mirado los más vulnerables: los niños y adolescentes.

¿Como expertos que habéis escrito varias publicaciones sobre el tema, creéis que esta prohibición de los móviles a menores de 16 puede ser una medida eficaz?

M.P.A.: Las prohibiciones suenan mal en nuestra sociedad permisiva y abierta, pero no habría que olvidar que las prohibiciones también forman parte de los aprendizajes y de la propia educación. Está prohibido, sin estar escrito en ningún sitio, escupir en el suelo en la escuela. Está prohibido pasar el semáforo en rojo. Y son prohibiciones que forman parte de nuestro contexto. Entonces, en relación con el uso de los móviles y en vista de la problemática en la que estamos, yo creo que la prohibición del uso de los móviles en los contextos escolares, y aunque supuestamente lo tengas en la mochila o apagado, es una prohibición educativa que yo no vería tan negativa. A menudo se invoca lo de que el móvil forma parte de del aprendizaje de tareas escolares. Bien, pues podría ser buena cosa que no se hiciera tan dependiente. Lo que el profesor necesitará quizá es disponer de tabletas que formen parte de las dotaciones del aula.

“Los países más desarrollados de Asia o Europa, con más rendimiento según PISA, no se caracterizan precisamente por el uso de pantallas en el aula” – Marino Pérez

Entonces ahí hay también una especie de fetichismo acerca de las prestaciones del móvil, como si todo dependiera de ello. Y lo de apelar a la autorregulación de los niños, siendo que el móvil está diseñado para captar nuestra atención y venderla al mejor postor… Tampoco hay máquinas tragaperras en el aula, para darle a los niños la libertad de no usarlas.

¿Para ti también, José Ramón, la prohibición podría estar bien?

J.R.U.: Por lo que decíamos antes de esta curva de sobreexpectación, creo que ahora es el momento efectivamente de introducir un movimiento de corrección social, no de corregir solo lo abusivo, lo colonizador, lo intrusivo que tiene esta tecnología, sino también los sesgos y las brechas que va perpetuando no tanto la inteligencia artificial como lo digital en general. Y corregir además una serie de tecnomitos, mitos que la propia industria ha ido alimentando y que nos hacen pensar que no hay que corregir nada y que eso se auto gestiona solo. Y, como explicaba muy bien Marino, no se autogestiona. Evidentemente que no. Empezando por la idea de que hay nativos digitales. No hay nativos digitales, como diciendo que ellos ya sabrán, porque han nacido con eso, ya conocen la tecnología y sabrán hacer.

“No existen los nativos digitales. Nadie nace de un iPad. Se nace del deseo de unos padres, y son los padres quienes les dan dispositivos a sus hijos” – José R. Ubieto

Por tanto, esa regulación ha de venir de fuera, de la misma manera que la tecnología tampoco es neutra. Esta, desde luego, no es neutra porque es muy invasiva a veces.

El otro día, en una exposición del CCCB, la educadora terminó hablándonos de que, bueno, tenemos que pensar que la inteligencia artificial es como un martillo, que la puedes usar para clavar un clavo o para darle a alguien en la cabeza. Pero esa comparación no sirve con esta tecnología, porque los martillos no te piden datos, no te envían notificaciones, no te sugieren otros usos. Quiero decir que los martillos y el resto de tecnología está quieta, pero esta tecnología es colonizadora, porque tú delegas en ella cosas, desde la identidad hasta los contactos, hasta los vídeos que vas a ver, elegidos por el algoritmo.

“La autogestión no existe y es necesario que haya un método de regulación” – José R. Ubieto

La RAE nos dice que regular es ajustar algo que se ha desajustado, que se ha salido de madre. Y yo creo que eso nos vendría bien. Porque nos damos cuenta cada vez más que la tecnología hoy es una OPA hostil a la educación y a la crianza, a la familia y a la escuela, ya que les ofrece unos estímulos que ni la familia ni la escuela pueden competir, como te dicen también muchos chavales. Hombre, entre escuchar la “turra” que me da este sobre las matemáticas y ver un video en YouTube… Me parece que la clave está en darse cuenta de que prohibir es un elemento necesario, en el sentido este de introducir la regulación desde fuera. Pero prohibir forma parte de un plan más amplio, no podemos reducirlo todo solo a prohibir, también tenemos que acompañarles.

¿Y cómo tendría que ser esa regulación? ¿Tendría que pasar por familias, escuelas y Administración?

J.R.U.: Yo creo que esa regulación tiene tres condiciones para que sea eficaz:

  1. Que sea colectiva, es decir, que todo el mundo aguante la vela que le toca. La Administración tiene que saber que, en estos momentos, le corresponde establecer normas colectivas para evitar las presiones, las situaciones, digamos, de desigualdad que se pueden generar. Tiene que establecer normas en la escuela. Evidentemente en la familia es otro asunto, pero la escuela tiene que establecerlas. No totalmente rígidas, pero sí lo suficientemente claras.

“En primaria no es necesaria absolutamente ninguna tecnología, y en secundaria hay que ver en cada momento cuál” – José R. Ubieto

A mí, que hago muchas reuniones con maestros y escuelas, me explican por ejemplo que el 80% de los problemas de orden que se generan hoy en las escuelas es por los móviles, que sacan cuando no toca. Entonces el argumento de que hay que dejárselos llevar cuando están en primero o segundo o tercero de la ESO y que ellos solos aprendan… Por eso me parece que ahora toca ser estrictos en ese tema de la escuela, pero también la industria tiene que hacer una reflexión, sobre cuáles son sus estándares éticos, que ni lo ha hecho ni le interesa hacerlo.

Parece que no.

J.R.U.: Pero lo tendrá que acabar haciendo porque si no va a tener también un problema social. Dijo Zuckerberg en una reunión que el problema era que la sociedad tenía que adaptarse a sus valores. Yo creo que es justo al contrario: es la industria la que tiene que adaptarse a los valores éticos, sociales, y no al revés. Y, luego, cada familia, evidentemente, tiene que hacerse cargo.

M.P.A.: Sí.

J.R.U.: Porque sabemos que el 50% aproximadamente de las familias desconocen todo uso que hacen sus hijos de lo digital, así que ellos también tienen una responsabilidad, pero por eso tiene que ser colectiva.

2. La segunda característica es que tiene que ser consensuada. Estos grupos de familias deben tener claro que deben consensuar los tipos y los objetivos específicos. Si no lo hacen, producirán una brecha digital entre familias concienciadas y que van hacia adelante y familias que no lo van a estar o que van a tardar.

3. Por eso tiene que ser también gradual. Yo creo que hay objetivos que, si los planteamos maximalistas, nos llevan al fracaso. Si el 50% los niños de 10 años tienen hoy un smartphone, plantearnos que mañana haya una ley que lo prohíba a los 16 creo que es un salto demasiado grande. Más bien habría que empezar diciendo, bueno, en la escuela pongamos ese límite porque es más fácil ponerlo, y en casa vamos a buscar unos procesos graduales de retraso de la entrega del móvil, de usos limitados, pero no nos pongamos a nosotros mismos una mandato superior como que a partir de mañana las familias tienen que prohibirlos, porque eso no va a ser viable y va a generar mucha culpa en muchos padres y madres.

Marino, con respecto al control parental, ¿tú crees que funciona?

M.P.A.: No.

“El control parental no funciona porque en general los niños saben más de las del manejo del móvil que los padres” – Marino Pérez

Ese control parental tiene que formar parte de un de un cambio, como decía Ramón, colectivo, que implique a las instituciones, a las instituciones escolares, y luego las familias, que son los que están en el frente del problema de los niños, pero que poco pueden hacer si no cuentan con otros cambios más envolventes, de la escuela, de las normativas y demás.

También habría que encontrar la manera de que los estados no estuvieran desbordados por las multinacionales, tomar medidas regulatorias. No se puede confiar en que las tecnológicas vayan a introducirlas. Están diseñadas para captar nuestra atención y venderla al mejor postor para que, luego, este nos venda lo que sea, y que eso forma parte de lo que se llama el capitalismo de la vigilancia y de la economía, y de la atención.

Lo más valioso hoy en día para el que nos quiera vender algo es captar nuestra atención, y las redes sociales están diseñadas para ello. Bastaría con que las tecnológicas introdujeran unos pequeños cambios. Si sacaran del uso cotidiano de las redes sociales ciertos dispositivos se produciría un gran cambio.

“Creo que el ‘genio maligno’ de las redes sociales está en los likes. Si se suprimieran, probablemente se reduciría el mal uso o el uso abusivo de las redes sociales” – Marino Pérez

Lo mismo que el scroll infinito y los avisos de nuevo mensaje, que nos puede parecer una cortesía, saber que nos ha llegado un mensaje, pero eso nos está captando la atención. Si se suprimieran esas tres cosas, las redes sociales serían más amigables para un uso no enloquecido, como el de ahora.

¿Y qué papel os queda a los psicólogos y psicólogas en este debate?

M.P.A.: Los psicólogos y psicólogas tenemos un papel muy importante por muchas razones. Entre ellas que las redes sociales están construidas con la misma lógica de las máquinas tragaperras. Entonces los psicólogos conocemos esos mecanismos conductuales que convierten la tecnología en adictiva. Y con esos mismos conocimientos, también se podrían enseñar tácticas de contracontrol, que diría Skinner. O de autocontrol, frente a ese eterno control que nos envuelve.

También podemos analizar cómo el uso de las redes sociales está produciendo efectos perniciosos en la en la salud mental. Y esos mecanismos tienen que ver, en mi opinión, sobre todo con la comparación a la que llevan las redes sociales, por la cual una persona está viendo lo que exponen otros e infiriendo, sacando la conclusión de que los demás son más felices que uno, a la vez que uno pone y selecciona cosas de sí mismo para captar admiración y atención, visitas, likes, y entonces se establece una distancia entre uno y su yo proyectado y falsificado.

Todo esto son fenómenos psicológicos, sociales, que están en la base del malestar que producen las redes sociales. Ansiedad, depresión y, sobre todo soledad. Y como la soledad no es una categoría clínica como la depresión y la ansiedad, pues apenas se pone de relieve pero, cuando se analiza más despacio el funcionamiento de las redes sociales, paradójicamente, por muchas redes sociales que se definan, producen soledad.

“La psicología tiene el deber de explicar todos esos malestares que están inducidos por la tecnología” – Marino Perez

Y otra cosa: nosotros nos concebimos como usuarios de una tecnología a nuestro servicio pero, como ha dicho Ramón antes, la tecnología no es nada neutra, y en realidad ella nos usa más a nosotros.

J.R.U.: Complementando lo que ha dicho Marino, creo que hay dos funciones que nos tocan a los psicólogos en relación a estos temas. Por un lado, ayudar a los padres y a las familias y a otros profesionales a entender qué es lo que buscan los niños y los adolescentes en las redes sociales, porque es un mundo nuevo y que les ocupa mucho tiempo. Entonces, ellos buscan información, buscan señales de identidad, buscan grupos de pertenencia, buscan prescripciones o iniciación a la sexualidad… Es decir, que es una ventana abierta que les da muchas oportunidades. Y hay que saber cuáles son esas oportunidades, pero al mismo tiempo también los riesgos que tienen. Informarte en YouTube o en TikTok te puede dar muchas pistas sobre la vida, pero también muchos bulos, mucha desinformación, etcétera.

Esa es una parte importante, enseñarles a los padres que los niños y los adolescentes allí no solo están jugando, pongamos, al Minecraft, sino que aprenden a comportarse en sociedad. Las tendencias virales de los TikTok por ejemplo, delulu y todas esas tendencias que pueden resultar un poco frívolas para nosotros, en realidad son prescripciones de vida, es decir, son formas de cómo se vive en la sociedad, qué filosofía tener, como se interpreta el mundo. Por eso los padres tienen que ser conscientes de que ellos y ellas necesitan buscar respuestas antes que criminalizarlos. Y, al mismo tiempo, como también hay riesgos evidentes, deben enseñarles a hacer un buen uso, una alfabetización digital con una serie de principios que nos orientan en la vida con una diversidad que el algoritmo nunca les dará. Porque el algoritmo nunca les va a enseñar aquello que no se monetiza. En cambio, los padres deben poder enseñarle que hay igualdad, que hay webs de lectura, de escritura. Y también que hay vida más allá de las pantallas, o sea, alternativas presenciales.

“Es evidente que la tecnología sola no resolverá los problemas que ella misma ha creado” – José R. Ubieto

De hecho, otro mito es que la tecnología, por definición, puede ayudarnos. La llamada inteligencia artificial, por ejemplo, no piensa, simplemente calcula con patrones previos. Por ejemplo, si tú le dices que estás pensando en suicidarte, la “cámara de eco” del algoritmo te puede confirmar y darte métodos para hacerlo, exactamente igual que si le preguntaras cómo hacer una tortilla de patatas.

Es verdad.

J.R.U.: Yo siempre cuento la anécdota de una adolescente que me dijo: “Mira, tengo 3 cuentas de Instagram. La primera, que es la que todo el mundo conoce, mis padres incluidos. La segunda, que mis padres conocen pero piensan que yo no sé que la conocen. Y luego, la tercera”. Ahora que el Gobierno español se llena la boca diciendo que ha encontrado con la Agencia de Protección de Datos un sistema de control del porno, un chaval me decía: “Vaya pringaos, porque ellos tienen una VPN y se hacen una IP fuera del control territorial”. Y ahí se acabó toda la Protección de Datos del Estado español.

Esta nueva realidad, ¿cómo debería cambiar el ejercicio de nuestra profesión? O sea, ¿qué hay que hay que tener en cuenta como profesionales de la psicología?

M.P.A.: Es una pregunta abierta que permite muchas asociaciones y respuestas posibles. Por un lado, las redes sociales permiten llevar a cabo las ayudas psicológicas por ejemplo online, y sirven para llevar la psicología a otra modalidad a personas que tienen más dificultades para acceder a ella, pero a su vez estas prestaciones también ponen de relieve lo imprescindible que es la relación presencial para realmente llevar a cabo una psicoterapia de hablar y de escuchar.

También creo que las redes sociales están poniendo de nuevo de relieve cosas obvias tradicionales que quedan ahora al descubierto como fundamentales, como lo importante que es el juego colectivo, saltar a la comba, el juego del recreo de los de los niños para la socialización, para aprender el autocontrol, la regulación, etcétera, en vez del móvil y lo que siga.

“Es paradójico tener que respaldar la importancia de los libros para el aprendizaje escolar” – Marino Pérez

La importancia de la lectura como un aprendizaje de otro ritmo, de otro tiempo, saber esperar, y la importancia de la conversación, ya no solo para las relaciones interpersonales, sino para pensar, porque pensar es hablar con uno mismo en silencio, que deriva de la práctica de hablar con otros y, si esta está mermada, se va a mermar también la capacidad de pensar.

Yo cito en el libro El individuo flotante (Deusto) un experimento donde se ve que es insoportable estar 15 minutos sin hacer nada. Y de aquí la psicología saca muchas conclusiones y nuevas tareas. Entre ellas, hacer una crítica del funcionamiento de las redes sociales y destacar alternativas tradicionales como hablar, jugar y la importancia de lo presencial.

J.R.U.: Hay tres cosas que nos afectan en la práctica como psicólogos:

1. La primera es que tenemos que incluir ese nuevo mundo digital en nuestras conversaciones con los pacientes, sean jóvenes o adultos, porque eso forma parte del contexto de su vida, de sus modos de satisfacción. Muchos de ellos encuentran pareja a través de las redes sociales, o se satisfacen, digamos, a través de esas redes. Por tanto, tenemos que incluir ese mundo también como un contexto de vida de esas personas, sobre todo en el caso de los adolescentes. Si no te interesas por lo que miran allá, no les vas a interesar tú tampoco.

2. La segunda es que tenemos que aprovechar la tecnología para que sea evocativa de la presencia, no que la sustituya, es decir, no hay problema en que tú puedas hacer una videoconferencia o una llamada telefónica para continuar un tratamiento cuando alguien está enfermo o está de viaje o situaciones de estas, eso no invalida el trabajo. Pero siempre que eso sea evocativo de encuentros que ha habido y que habrá, no cuando eso sea sustitutivo.

3. Y después creo que sí, que tenemos que descartar las soluciones universales. Por ejemplo, lo que proponen los chatbots psicoterapéuticos, como este que creó un estudiante psicología de Nueva Zelanda, que tiene como 80 millones de consultas y toda una serie de frases hechas de recomendaciones prêt à porter. Y ahí la singularidad de cada una queda eliminada, porque se toman, digamos, aspectos comunes y uniformados.

“Creo que esos chats psicoterapéuticos no son el futuro de la psicología para nada” – José R. Ubieto

Creo que es una fórmula, económicamente muy rentable, y por eso muchas empresas ahora ofrecen esos chats a sus empleados, pero va en contra, me parece, de todos los principios psicológicos, no solo de psicoanálisis, sino de cualquier otro tipo de psicoterapia rigurosa.

Entonces, ¿qué soluciones propondríais, alternativas, a prohibir los móviles totalmente?

M.P.A.: Hay que poner de relieve cómo las redes sociales generan los problemas que están trayendo, inherentes a su lógica, y cómo están construidas, precisamente para usarnos más que para nuestro servicio de una forma neutral o altruista o algo así. Debemos tener muy claro que están diseñadas para captar nuestra atención y no para hacernos felices o conectarnos más con los demás, de forma abierta, etc. Por otro lado, yo creo que se deben recuperar maneras alternativas de entretenimiento de los de los niños y adolescentes en los contextos escolares y familiares, relativas a los juegos colectivos, a los juegos de interactuar, de hablar. Entonces, crear contextos, crear espacios en los que esté suprimido el móvil y, en su lugar, que haya maneras de entretenimiento y comunicación que permitan que los niños interactúen con otros. Eso es fundamental.

J.R.U.: Sí, sí. Y para acabar un poco lo que decía Marino, creo que Martin Heidegger, el filósofo, explicaba muy bien en una conferencia “Serenidad” que hay que acoger siempre los misterios que trae cualquier novedad técnica sin renunciar a los principios. Esa es una buena orientación. ¿Podemos acoger lo digital sin renunciar a la privacidad, al respeto a la igualdad, la diversidad, a principios fundamentales? La gente no insulta por la calle porque lo va a hacer en X (antes Twitter). La gente no cuelga las fotos en el balcón de su familia porque lo colgaría en Facebook o en otras redes.

“El principio debería ser ese: acoger la novedad, pero sin renunciar a los principios” – José R. Ubieto

Y, sobre todo, sin dejarnos alienar por esa tecnología, en el sentido de que somos nosotros, como decía Marino, los que debemos controlar la tecnología.

¿Qué mitos corren sobre los usos de la tecnología que, como profesionales de la psicología, deberíamos desmentir?

J.R.U.: Hay 3 mitos fundamentales que habría que cuestionar:

  1. Llamarles nativos digitales. Eso induce a pensar que los chicos y chicas autogestionan y que no hay que enseñarles nada porque ya vienen con la impronta genética. Eso es falso. Somos los adultos quienes les damos el objeto y les enseñamos a gozar. Por tanto, un padre o madre que no esté dispuesto, un maestro o maestra que no esté dispuesto a desconectarse lo tendrá difícil para proponer eso mismo a sus hijos o alumnos.
  2. Decir que la tecnología es neutra. No. Debemos ser proactivos porque la tecnología va siempre cuatro pasos por delante. Ahora lo vemos con la inteligencia artificial. Ahora que piden regularla es porque ellos ya han ido 500 pasos más allá y regularán 100.
  3. Decir que es lo mismo lo virtual que lo real, o llamarlo conexión o vínculo. Como decía en ¿Bienvenido Metaverso? (NED Ediciones), no todo lo que se puede hacer realidad se puede hacer también allá. Eso no es cierto, porque la presencia, junto con la atención y el deseo, es imprescindible para educar a alguien, para tener una relación social, sentimental o de cualquier tipo. Creo que eso es tres mitos de la industria son los que tenemos que cuestionar para tener una buena vida.

¿Algún consejo para prevenir estos malestares provocados en parte por las redes?

M.P.A.: Yo creo que algo que algún día va a haber que empezar a recuperar la autoridad racional a la que se refería a Erich Fromm. No la imposición, pero sí la autoridad que corresponde en los contextos familiares y en los contextos educativos.

¿Cuáles están siendo las consecuencias de la falta de autoridad?

J.R.U.: El respeto de los de los estudiantes digamos que se ha se ha diluido y eso genera una pérdida de roles y de funciones, y también desorientación por parte de los de los niños que luego van a chocar con la realidad, más allá de un sistema de educación basado en el consentimiento, en el temor -y este es el fenómeno nuevo- que tienen los padres a los hijos, cuando antes eran los hijos los que tenían un cierto miedo de los padres los riñeran o castigaran o que no estuvieran contentos con algo que hacían, y ahora son los padres los que tienen miedo de traumatizar a los hijos. Yo creo que la psicología ha contribuido negativamente en general esta supuesta vulnerabilidad de los niños. Los padres tienen miedo a decirles que no, a que los niños los rechacen, ese miedo que también se da en los profesores y profesoras. Pero hay que poner normas.

¿Y es recuperable esa autoridad?

J.R.U.: Sí, yo creo que esa esa autoridad tendría que ser recuperable, también de una forma colectiva. Algún día yo creo que tendrá que empezar a revisarse esta educación que podríamos llamar una educación en la vulnerabilidad de los de los niños. Hay un dicho según el cual si tratas a alguien como como es, termina siendo como es. Y si lo tratas como debe ser, termina siendo como debe ser. Es decir, si tratas a los niños como vulnerables que van a coger cualquier trauma como el que coge un catarro a resultas de un no, pues estás haciendo a los niños vulnerables.

“Buena parte de la crisis de salud mental de estas edades tiene que ver con esta educación en la vulnerabilidad” – José R. Ubieto

Se prepara el camino para que el niño no tenga tropiezos, charcos, piedras. No se prepara al niño para el camino, que va a tener siempre piedras, subidas, bajadas, bifurcaciones. Algún día habría que repensar.

M.P.A.: Sí, yo creo que hay que ir a las limitaciones y generar contextos alternativos, de entretenimiento y de ocio y de diversión que faciliten los juegos tradicionales de contacto o conversación. No solo la prohibición, sino la creación de contextos alternativos y juegos de manera que no se eche de menos el móvil que uno ha dejado en la taquilla o en la mochila en casa. Y tener muy diferenciado que hay que hay tiempos en los que la vida es sin el móvil y otros tiempos en los que tiene un uso.

En el libro habláis de lo hiper como un rasgo de la infancia contemporánea. ¿En qué medida lo digital contribuye a ello?

M.P.A.: Las redes sociales han venido a incrementar y a exacerbar la hiperactividad en los niños. No es que ellos tengan un problema de atención, de hecho, tienen la atención muy educada para aquello a lo que quieren a lo que quieren atender a la pantalla, pero esa atención no está destinada a lo que los padres esperan en un momento dado en un en el contexto doméstico, o a lo que tenga que ocurrir en el aula.

Otro ejemplo es la hipersexualización, sobre todo en las niñas y a edades muy tempranas. Los selfies, las modas, las redes, TikTok… Necesitan captar la atención de seguidores. Se va a medir por los likes que reciban. Y entonces, el niño o la niña tiene que poner más: ser más audaz, más atrevido…

J.R.U.: También lo digital es una tecnología que claramente acelera el tiempo y a la vez reduce la reflexión, sobre todo la resonancia. La resonancia es ese efecto de que algo te produzca en ti y seas consciente de lo que te produce. Lo digital no te permite ese tiempo para comprender, porque acelera la respuesta e imprime una velocidad a las decisiones. Además, al carecer de intervalo, reduce la potencia del pensamiento, y sobre todo reduce la mediación del otro. Por ejemplo, cuando alguien, chico, chica, adolescente, joven, viene a consultar sobre identidad sexual, se pregunta si es gay, si es lesbiana, te das cuenta de que a esa pregunta, que ya se la ha hecho a las redes sociales, no ha encontrado respuesta, porque la mediación del otro en las redes sociales es muy escasa. ¿Ese otro quién es? ¿Es un interlocutor anónimo? ¿Son unos foros? ¿Es un influencer al que apenas conoces? ¿Quién es ese otro? ¿Es un verdadero otro? Esa falta de una mediación real, de alguien que pueda cuestionar tu decisión, que te pueda introducir otros elementos, y que interactúe, es algo que en lo digital es muy difícil de encontrar. Porque, además, muchas veces, el otro digital con el que hablamos es anónimo, es decir, que puede tener un nombre, un avatar, pero en realidad, no hay un vínculo.

Eso enlaza con lo que vosotros llamáis “individuo flotante”.

M.P.A.: Sí, un tipo de individuo que se genera en las sociedades modernas, abiertas y plurales, como la nuestra, sociedades que ofrecen muchas posibilidades sin que sea fácil engranar con ninguna de ellas. Porque todas las posibilidades de vida son parecidas, intercambiables, precarias. El “individuo flotante” alude a la ligereza y levedad del del ser que, aunque son adaptativas en una sociedad, también pueden llegar a ser insoportables. Y dentro de la abundancia de posibilidades, no hay nada sólido y duradero en lo que estés enraizado, no encuentras sentido a la vida, ni dirección ni significado, y quedas expuesto a modas, tendencias y a los influencers de turno.

Y vosotros lo asociais a la soledad.

M.P.A.: La soledad en una sociedad como como la nuestra es paradójica porque se da dentro de la colectividad, de las redes sociales, en una sociedad que es muy individualista y que necesita de los otros, pero solo como público, como seguidores, como proveedores de likes. Estás solo dentro de redes, de conexiones. Y al mismo tiempo te sientes desconectado. Las redes sociales han fomentado el “individuo flotante”, porque se prestan a picotear, a navegar, andar sin rumbo, mirando esto y lo otro, comparando tu vida con otras vidas posibles, porque te da la impresión de que podría ser de otra manera y que los demás son más felices que tú.

Eso no ayuda. Y menos a los chicos y chicas.

M.P.A.: Imagina una chica que, después de apagar la luz para dormir, se queda un rato aún con el móvil, mirando mensajes, subiendo cosas, revisando los selfies que no ha colgado, comparando los que ha colgado con otros, etc., etc. Ahí tenemos la soledad del narcisismo inundado con su propia imagen. A solas, a oscuras, sin más iluminación que la de la pantalla.

Qué buena metáfora, “sin más iluminación…”. Muchas gracias a los dos por aportar un poco de luz a este tema.

Autoría: José R. Ubieto y Marino Pérez

Editorial: NED Ediciones

Páginas: 174

ISBN: 9788416737369

1.ª edición: 2018

También disponible en e-Book

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