La sociedad vulnerable

Ressenyes

Por José Ramón Ubieto, psicólogo, psicoanalista y colaborador docente de la UB.

  • Autoría: Marino Pérez Álvarez
  • Editorial: NED Ediciones
  • Páginas: 240
  • ISBN: 9788419407351
  • 1.ª edición: marzo de 2025

¿Por qué las cebras no tienen úlcera, aunque no les falte estrés?


Hablamos de un libro que enseña, a cada uno lo suyo. Más allá de la información -que la tiene y en abundancia- el autor arriesga hipótesis y plantea argumentos fundados. Tesis para discutir, siempre y cuando encuentren el interlocutor dispuesto a ello. Marino Pérez-Álvarez parte de lo que él nombra “la vulnerabilidad existencial inherente a la condición humana”, otra manera de decir que nacemos en falta y que eso que nos constituye nos sitúa -como prematuros- en el vínculo al otro. Un Otro que el autor explora a partir de la figura del ‘individuo flotante’ (título de su anterior libro), personaje “falto de anclaje en algo sólido y duradero”. Le falta el sentido y la narrativa de su vida y, en su lugar, encuentra la metonimia de los deseos que la realidad virtual no para de ofrecerle, influencers incluidos. Un individuo entronizado por el discurso actual -pero con largo recorrido anterior- que lo propone como causa sui de sus éxitos y desdichas.

Marino Pérez Álvarez

Marino destaca el giro subjetivista de los sentimientos (siglo XVIII) como una trampa que atrapa a cada uno en la hiperreflexividad. Si para Dostoievski, tener una conciencia “sobradamente sensible” era una enfermedad, para Pessoa el mal de la vida es “la enfermedad de ser consciente”. Demasiada autoreferencialidad nos confunde y nos aleja de nosotros mismos y de los otros, sobre todo en la muchedumbre online. Decía Lacan que los senti-mienten para señalar su lado imaginario y Marino disecciona ese sentimentalismo y el poder de lo “cuqui” que configuran el espíritu de la época. Son temas que ya ha tratado ampliamente en otros trabajos como La vida real en tiempos de felicidad (Alianza Editorial).


“Ser tú mismo”, “sentirse especial”, “escuchar tu cuerpo y tus sensaciones” son algunas de las perlas del sentimentalismo psi ilustrado por la psicología positiva y la charlatanería del bienestar emocional y la autoayuda. Nada grave si no fuera porque cada vez más orientan (es un decir) las prácticas educativas y los consejos de crianza dirigidos a madres y padres jóvenes. La tesis de Marino es que aquí radica parte de la vulnerabilidad actual de la llamada generación ansiosa, tan frágil por la pasión de educadores, psi y progenitores en ‘ahorrarles’ el sufrimiento y esfuerzo necesario para asumir los imposibles de la vida.

“La infantilización generalizada es hoy ya una evidencia que alimenta esa supuesta epidemia de problemas de salud mental”

Sobreprotegerlos en la adquisición de hábitos básicos -al igual que adultizarlos en su acceso a cuestiones adultas (sexualidad, consumos, relaciones)- son tendencias compatibles y, las dos, formas muy actuales del desamparo. Ambas dejan a niños y niñas faltos de recursos personales para abordar los desafíos propios de sus momentos vitales.


El análisis de estas dos claves (vulnerabilidad estructural y sociedad actual empeñada en fragilizar a los sujetos) lleva al autor a repensar el papel de las respuestas psi (psicológicas y psiquiátricas), tanto en lo que hace a la valoración diagnóstica como en la implementación de sus propuestas. ¿Lo psi ayuda a tramitar los problemas de la vida con los que cada sujeto se enfrenta en las condiciones sociales que tiene o, más bien, dificulta su abordaje?


Sabemos que la nominación nunca es inocua y que el simple hecho de clasificar -como muy bien nos enseñaron Nelson Goodman o Ian Hacking, antes Erving Goffman, entre otros- resignifica las experiencias subjetivas. Formar parte de una clase ‘da sentido’ a lo que te pasó, al presente y a lo que vendrá, sin que el sujeto haga otra cosa que aceptar esa nominación. La pasión del paradigma neuro por imponer sus tesis sobre la causalidad de las enfermedades mentales ha mostrado, hasta la fecha, poca evidencia. Ninguna imagen cerebral, por coloreada y fulgurante que sea, explicará el fantasma del presidente Schreber (caso de psicosis comentado por Freud) expresado por él como: “sería algo hermoso ser una mujer en el momento del coito”, incluido el hecho de ser copulada por el mismo Dios.

No hay, pues, terapéutica posible sin el otro, sostiene el autor, porque los trastornos psi son hechos biográficos más que biológicos.

“Marino recuerda cómo, en relación con la salud, predice más el código postal que el código genético”

Los discursos que amparan el modelo biomédico no dejan de tener un carácter cada vez más delirante, ya que proponen como causa aquello que no pasa de ser un correlato y generalizan conclusiones que apenas se sostienen en muestras irrelevantes. El delirio de suponer que un parpadeo es explicable por un registro neurofisiológico, ignorando que los sentidos pueden ser diversos: tic, guiño (burla, saludo, coqueteo…) o sustraer el deseo para reducirlo a una conexión sináptica, forman parte de este hacer delirante que se presenta como evidencia científica. Incluso, pretenden explicar la rumiación obsesiva, con su sentimiento de culpa invasivo, por una inflamación de la mente y un desajuste del sistema inmunitario.

“La nueva saga de los DSM, con el DSM III (1980) truncó la idea de la salud mental ligada a los problemas de la vida”

E inició el proceso de explosión del régimen del label, con la proliferación de etiquetas psicopatológicas como nuevo rito de bautismo social, y la medicalización generalizada como respuesta “efectiva” a esos malestares. Marino no niega su existencia, pero la sitúa en el marco de estar en el mundo y de los arreglos (término que toma de Adler) neuróticos o psicóticos que cada uno encuentra. Algunos los fijan a un bucle y otros les permiten manejarse mejor con el problema. Coincide aquí, también, con la tesis de Lacan, para el que ese saber hacer toma la forma de las suplencias que cada ser hablante inventa en el agujero central de esa vulnerabilidad original y que él mismo resumió en su tesis “la relación sexual no existe”. No hay la armonía sexual preestablecida y por eso cada uno debe inventar, con el lenguaje como herramienta básica, sus arreglos.

Sin ser psicoanalista -pero sí buen conocedor de sus tesis- las referencias de Marino a Freud, entre otros muchos y diversos autores, son diversas y apoyan el esfuerzo que hace al apostar por una respuesta psi que no eluda la singularidad (nada que ver con el “soy especial” que apela al narcisismo) del sujeto que sufre y que, al tiempo, consulta en espera de una ayuda que no le reste ni un ápice de responsabilidad.

Un libro excelente y muy sugerente que nos interpela, como profesionales psi, en un momento de emergencias diversas (climática, política, digital, salud) donde el reto es preservar esa singularidad evitando la cronicidad de una mirada que proporciona -vía las etiquetas, los consejos, el monitoreo digital y la medicación- un sentido falso por lo que tiene de paralizante.

El próximo 13 de mayo tendremos la ocasión de conversar con Marino Pérez Álvarez en el COPC (c/ Rocafort, 129, Barcelona) sobre estos temas, una ocasión imperdible para dar rienda suelta a la curiosidad y la sorpresa de lo no sabido. ¡Os esperamos!

La sociedad vulnerable ya está disponible para todos los colegiados y colegiadas en la biblioteca del COPC.

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